viernes, 17 de noviembre de 2017

Publicado 16 noviembre 2017
La diferencia cambiaria, producto del ataque sobre la moneda, transforma casi cualquier objeto en una mercancía que genera hiperganancia al ser vendida del otro lado.
La frontera con Colombia es durante kilómetros un río, con algunas casas de un lado, siembras, arcos de fútbol, casas humildes, y muchas veces solo llanura, árboles, esteros. 
Quien no conoce no sabe que está en la frontera, que la orilla en frente, justo ahí, idéntica a esta, es otro país, donde está gran parte de lo que no se consigue aquí. Allá está la guerra, aquí también, y ese río que transcurre es parte de ella. Se debe aprender a observar y escuchar: esa canoa que pasa con dos personas dentro, ¿contrabandea o pesca?
Acá la cultura del comercio informal existe desde hace siempre. Antes no era contrabando de extracción, no desangraba el país, ahora sí. Cada vez más: ya no solamente se pasa gasolina, ganado, alimentos de la canasta familiar, medicinas, billetes, sino que en estos últimos tiempos el abanico se ha ampliado a otros rubros, como el plástico, desde vasos hasta palas para recoger la basura. Cualquier método es bueno para pasarlo, como quienes se envuelven el cuerpo con kilos de carne o tabletas de antibióticos.
La diferencia cambiaria, producto del ataque sobre la moneda, transforma casi cualquier objeto en una mercancía que genera hiperganancia al ser vendida del otro lado. 70 litros de gasolina valen más que un sueldo mínimo en Venezuela. Un sueldo mínimo en una etapa de hiperinflación de guerra no alcanza para mantener una familia. Ni dos ni tres sueldos mínimos alcanzan. Hacer horas de cola para echar gasolina no es un problema, es una actividad que da en un día más dinero que un mes en el Estado.   
Toda zona de frontera con Colombia ha sido atacada por esa dinámica, y la parroquia San Camilo, en el estado Apure, no es la excepción. Sus características económicas tienen potencialidades para el desarrollo productivo: es la parroquia más productora de lácteos del estado con un promedio de 200 mil litros diarios, con unas 25 mil cabezas de ganado de leche. Tiene también agricultura, lagunas de cachamas. Podría ser de prosperidad, pero el mejor ganado se va para Colombia, otra parte para los estados del centro, la leche es comprada por Nestlé y las queseras privadas que manejan el mercado. Los precios son altos en San Camilo.
Las causas de esta situación son varias y se entrecruzan. Los productores compran insumos ‒vacunas, desparasitantes, etc.‒ traídos desde Colombia, lo que eleva los precios de crianza y, en consecuencia, por ejemplo, de la leche, base del queso. Necesitan, dicen, insumos a precios económicos. Quien debería garantizarlo es el Estado, el mismo que también podría comprar una parte sustancial de la producción lechera. Nada de esto es nuevo, se hicieron ensayos que se frenaron, quedaron a mitad de camino. Hoy los productores están en el medio de la cadena, con un funcionamiento a precios de insumos de frontera de guerra, y venta a intermediarios privados que especulan y realizan ganancias extraordinarias. Ganan contrabandistas y privados.
No se trata de victimizar, ni de negar que algunos productores prefieran una hiperganancia al cruzar ganado por el río. La pregunta es hacia el Estado, las políticas que de ahí se construyen, la forma como se abordan en este contexto. Ningún productor está interesado en venderle al Estado si el pago, como suele suceder, demora meses en hacerse efectivo, mientras el aumento de precios es diario, generalizado, y Nestlé paga de manera inmediata. Eso tampoco es nuevo.
Existen ejemplos que muestran que la voluntad política y la articulación de las partes puede construir otras realidades. Una experiencia es la que se ha puesto en marcha en El Nula, centro de San Camilo, donde se articula la institucionalidad, el Partido Socialista Unido de Venezuela, la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), y consejos comunales, para realizar operativos de venta de carne y pescado a las comunidades. El esquema es el siguiente: se le garantizan insumos a los productores, que venden la carne a un precio más bajo, y a través de la organización popular es ofrecida directamente al vecindario a 25 mil bolívares el kilo de carne y 15 mil el de pescado. La última jornada contó con 93 reses y 3 mil kilos de pescado para 19 CLAP.  
El impacto es económico, subjetivo, organizativo. Es una forma de frentear colectivamente una realidad cada vez más adversa. El caso de El Nula es un ejemplo de cómo el cotidiano económico toma formas de batallas diarias: el único banco del pueblo dejó de funcionar durante dos meses, y el puente para el acceso principal ‒sobre el río Burgua‒ se derrumbó el pasado 4 de octubre. Esa situación agravó la dificultad ya existente, la gasolina pasó a costar 15 mil bolívares el litro, y los billetes comenzaron a ser revendidos con 60% de interés. La necesidad de la mayoría se hizo negocio para pocos. Una lógica impuesta por la guerra, inscrita en reflejos económicos. En el caso del puente caído se instaló una microsociedad en cada orilla: 2 mil bolívares para cruzar en canoa, 30 mil en camioneta, puestos de comida, helados, y las orillas como piscinas para los niños.
¿Cómo se pelea contra tanto? Las jornadas de venta de carne y pescado son una posibilidad. Muestran que se pueden ensayar respuestas que tengan un accionar del Estado articulado a productores y comunidades organizadas, con miras a la cogestión. Sin ese triángulo resulta difícil imaginar cómo desandar el nudo que empeora a medida que el cuadro económico general lo hace. Las principales variables se agudizan en la frontera.
La pregunta sobre qué hacer en lo material está en el centro de los debates, es el primer punto de toda conversación. No parece posible detener el contrabando con arrestos a quienes llevan un tanque de gasolina del otro lado, o varios kilos de carne envueltos alrededor del cuerpo. Se trata de una sociedad fronteriza en momento de crisis, articulada en gran parte alrededor de esa actividad económica, donde muchas veces quien no está metido de manera directa tiene a algún familiar involucrado. El ataque debe darse contra las mafias del contrabando que mueven gandolas, rebaños, miles de millones. Y a través de políticas que generen condiciones económicas para la rentabilidad de la producción, la cultura productiva.
Resulta sencillo escribirlo, la realidad, en cambio, noquea intenciones. En particular porque la frontera es más que una frontera, existe una arquitectura organizada para profundizar este cuadro. Desde las casas de cambio colombianas hasta la política del gobierno de Colombia que deja pasar todo contrabando. La situación de las parroquias de frontera como San Camilo tiene respuestas que pueden desarrollarse por la voluntad de las fuerzas locales, pero necesita respuestas nacionales, estructurales. Porque el problema de la frontera es epicentro del escenario de guerra al que se nos ha llevado. Por allí quieren arrodillar el bolívar, desabastecer el país, hacer ingresar un ejército irregular bajo comandancia norteamericana.
Estamos en una guerra donde muchas veces los generales enemigos se esconden, son imperceptibles. En particular cuando el campo de batalla es un río que separa dos orillas iguales, con llanura, algunas casas, y unas canoas que pasan. Es un conflicto de estrategia cobarde que debemos nombrar, explicar, acorralar en lo económico como en lo político. La realidad material, con todas las consecuencias que conlleva, lo pide.
https://www.telesurtv.net

Ejércitos de zombis, caminantes blancos y guerras en El País: el bulo de la "injerencia rusa

Publicado: 17 nov 201

No queremos aburrirles, pero hoy les vamos a hablar de un tema muy serio, y lo sentimos, pero no va a ser el típico artículo dinámico y divertido de consumo fácil para Internet: esto va a ser largo y farragoso. Y va a ser así, porque se trata de nuestra credibilidad como medio de comunicación. Del trabajo que desempeñan los cientos de profesionales de RT en todo el mundo. De su seriedad, de su profesionalidad y de su ética.
En los últimos dos meses, uno de los diarios de mayor alcance en España, El País, ha dedicado decenas de artículos a desprestigiar nuestra labor, la mayoría, firmados por el subdirector de este medio, David Alandete. 
Siempre refiriéndose a nosotros con términos como la "maquinaria de injerencia" o "propaganda del Kremlin", nos han acusado de tramar la desestabilización de España y de la Unión Europea (UE) difundiendo noticias falsas sobre Cataluña, todas a favor del independentismo. 
Nos han acusado de emplear para ello herramientas desleales, como 'bots' y hasta 'hackers' (términos que ellos mismos parecen no tener muy claros). 
A El País le han seguido, con menor insistencia pero con la misma imprecisión, algunos medios de comunicación y el propio Gobierno español. Las razones por las cuáles se está llevando a cabo esta campaña de desprestigio en España y en otros países, no las conocemos. No haremos como ellos y no especularemos sobre esas razones con afirmaciones rotundas sin ningún fundamento.
Pero sí sabemos una cosa: no están diciendo la verdad. Y no están siendo rigurosos en lo más mínimo en su trabajo.
Como desde El País nunca se han puesto en contacto con nosotros para intentar contrastar la información que publican, como nos han negado el derecho de réplica que les hemos solicitado, en este texto analizaremos las pruebas y estudios que aportan para sustentar sus gravísimas acusaciones.
Desde sus primeros textos, El País ha pretendido convencer a sus lectores de que tiene pruebas sólidas de todo aquello de lo que nos acusa. 
¿Cuáles son? El hecho de que RT en Español le haya dedicado mucho espacio, en opinión de El País, al tema del proceso independentista catalán. 
El hecho de que medios rusos publicaran en ruso noticias sobre España dirigidas al público ruso. 
El hecho de que el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, apoyara el derecho a la autodeterminación de los catalanes en la red social Twitter…También, entre otras cosas, citaron una publicación en ruso en la página de Facebook de un político de Moldavia, que recibió unos 135 compartidos…
Además de eso, El País contó con la aportación de diferentes fuentes políticas que lanzan acusaciones sin presentar pruebas verificables. 
Testimonios de personas "que pidieron mantener el anonimato por las habituales represalias rusas", declaraciones de Atlantic Council, un 'think thank' vinculado a la OTAN cuya única función parece ser hostigar a Rusia y denunciar las 'amenazas' que supone este país, así como el estudio del Instituto Real Elcano que se apoya en…los artículos de El País.
Cada nuevo texto contenía enlaces a textos anteriores que contenían pruebas como las que les acabamos de nombrar. 
De manera que ese circuito de enlaces creaba una sensación de una investigación periodística rigurosa y amplia, pese a contener en varias ocasiones textos copiados y pegados (algo que no sería un problema, ya que es una práctica habitual en el caso de noticias que se prolongan en el tiempo, pero que sí que lo es cuando la noticia de la que se copia contiene inexactitudes o directamente falsedades).
La única fuente técnica, por decirlo así, que parecía prometedora, ha sido un estudio  realizado por Javier Lesaca, investigador visitante en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la Universidad George Washington y, paralelamente, columnista de El País.
Lesaca analizó 5 millones de mensajes en las redes sociales, con un "avanzado" software que prefirió no especificar, que lo llevaron a concluir que "una legión de 'bots'" prorrusos y chavistas libraron "una batalla" contra la democracia española difundiendo noticias de RT y Sputnik en las redes sociales.
El artículo de Javier Lesaca en El País es el único vestigio localizable del presunto estudio a nivel público, pues no hay ficha técnica del mismo ni en la página de la Universidad de George Washington, ni en ninguna otra página web. 
De ningún modo negamos su existencia, pero de momento no tenemos una respuesta del centro educativo o del autor del estudio a la consulta que les enviamos para que nos aclaren cómo acceder a este documento.
Y ese artículo, es un verdadero canto a la contención. Una investigación sobria y comedida que presenta los hechos de forma objetiva y con un lenguaje absolutamente científico. Aquí un ejemplo: "Ivan, Rick y Bobbit son zombis. Forman parte de una legión de caminantes blancos que, armados con garrafas de gasolina informativa, recorren las conversaciones digitales avivando aquellos incendios que sus generales ordenan propagar".
Este es el nivel científico del lenguaje empleado por Lesaca en la mayor parte del artículo, que, además, no escatima en el uso de terminología bélica o militar para referirse, básicamente, a la propagación de tuits y noticias, creando un ambiente de alarma que parece bastante inadecuado para el tema y demasiado sensacionalista. 

Mezclando peras y manzanas: 'bots' y 'hackers'

En sus textos, Alandete y Lesaca no hacen mucho esfuerzo en separar ambos conceptos. 
El nexo común entre ambos es informático, pero poco más: en lo demás se parecen tanto el uno al otro como la pantalla de nuestra PC al ratón de la misma.
Los 'hackers' son personas de carne y hueso que penetran en sistemas ajenos a través de herramientas informáticas. Los 'bots' son pequeños programas de automatización de tareas, muy usados en informática. 
El estudio de El País se refiere exclusivamente a los segundos, pero en varios de sus titulares introduce la palabra 'hackers' para después hablar de 'bots', de manera confusa (no sabemos si por ignorancia o por otros motivos menos confesables).

¿Cómo funcionan los 'bots'?

Fundamentalmente a través de las herramientas IFTTT, acrónimo en inglés para 'If this, then that' (si ocurre esto, entonces [haz] esto otro), que se usan para automatizar procesos en Internet. 
Son herramientas al alcance de cualquiera, y permiten, por ejemplo, que una foto se publique en todas tus redes sociales de manera automática, simplemente subiéndola en una de ellas, hasta felicitar cumpleaños automáticamente por Facebook.
Los 'bots' de twitter se basan en este tipo de funcionamiento, por ejemplo tuiteando todos los artículos de determinados medios o todos los artículos de cualquier medio que contengan determinada palabra clave, según hayan sido programados. 
Hace cuatro años El País publicó un muy elogioso artículo sobre estas aplicaciones, sin las cuales los bots no serían posibles: "IFTTT pone todo bajo control".
En Internet hay disponibles apps tipo IFTTT para infinidad de usos. Algunas de ellas diseñadas específicamente –cómo no- para El País. Son muy fáciles de programar, y existen tutoriales sobre cómo hacerlo. 
Es más, que existan bots compartiendo contenidos de uno u otro medio de comunicación no implica que estos hayan sido creados por ese mismo medio de comunicación.
Por poner un ejemplo: la cuenta @russo_vainroj, que encontramos sin demasiado esfuerzo en Internet, muestra claros indicios de comportamiento automatizado y retuitea desde hace tiempo de forma automática muchas notas de El País, entre ellas, la de Alandete denunciando el uso de cuentas que muestran claros indicios de comportamiento automatizado.

¿La existencia de esta cuenta demuestra que fue creada por El País? En absoluto. 
¿En qué se basa El País entonces para insinuar que una cuenta que retuitee notas de RT fue creada por RT o por la "maquinaria de injerencia rusa"? Como las herramientas anunciadas por Alandete y Lesaca son secretas, no podemos aplicarlas para el estudio de los 'bots' que retuitean a El País. Nos quedamos, de momento, con la duda de qué datos arrojarían sobre su propio periódico.

Cinco millones de mensajes en redes analizados y cinco cuentas 'reveladoras'

De los 5 millones de mensajes en las redes sociales que el columnista de El País analizó, presenta como evidencia un total de cinco cuentas dedicadas a interferir en Cataluña. Es de suponer que estas son sus pruebas más contundentes.
 De ellas, solo una cuenta es en castellano y ninguna en catalán, por lo que su posibilidad de influencia sobre la "estabilidad" en Cataluña parece bastante limitada.
Tres son cuentas 'bot' de perfil filipino -por sus contenidos- que solo mencionan a RT en inglés en aproximadamente el 15% de sus tuits (nunca a RT en español) y el resto lo dedican a frases inspiracionales, webs filipinas de información, alimentos 'new age' y a retuitear noticias de la cadena estadounidense CNN. Cualquier persona puede comprobarlo visitando sus perfiles: @ivan226622@rickrick888 y @bobbit2266.
Como ejemplo de perfil "afín al Kremlin" diseñado para interferir en Cataluña, mencionan a @willyclicks, que entre el 15 de septiembre y el 8 de octubre, en plena ebullición del tema catalán, apenas le dedicó dos tuits y cinco retuits a ese asunto.
En la parte venezolana de la trama mencionan a @MarianoEscalante, una cuenta chavista de poco más de 3.000 seguidores, a la que difícilmente podemos considerar 'influencer'. Según El País, esta cuenta fue clave en posicionar la etiqueta #VenezuelaSaludaACataluña, pero como demuestra el especialista en tecnologías de la información Damián Fossi en su blog, esta etiqueta no llegó a trending topic en ningún momento, al contrario que #CatalanReferendum, la utilizada por El País, BBC y CNN, entre otros medios de información.
Dicho sea de paso, la etiqueta #VenezuelaSaludaACataluña jamás fue utilizada por las otras cuatro cuentas aportadas como prueba de la trama ruso-venezolana.


¿Se puede saber de dónde son los 'bots'?

No es posible determinar desde dónde opera una cuenta de twitter, sea bot o no, porque la biografía la puede retocar un usuario a su conveniencia, e incluso la geolocalización puede falsearse de manera más o menos sencilla. 
Incluso aquellos tuits que tienen activada la geolocalización pueden haber enmascarado su IP a través de una VPN o por la red TOR.
Y para muestra, un ejemplo revelador: de Ámsterdam a Pionyang en cinco minutos:
"No hay forma de averiguar desde dónde operan los 'bots'. 
Por tanto, afirmaciones como 'más del 50% están registrados en Rusia y un 30% en Venezuela' no tienen ninguna base", explica Fossi en referencia a las recientes declaraciones desde el Gobierno de España. 
"La única manera de saber con total certeza dónde se encuentran los 'bots' es accediendo a los discos duros o a los ordenadores de aquellos que manejan los 'bots'", concluye.

Más allá de las numerosas imprecisiones o directamente falsedades a la hora de señalar a los supuestos 'bots' rusos, llama la atención el uso (podríamos decir incluso, el abuso) por parte de Lesaca y Alandete de una retórica belicista rica en metáforas que emplean términos de guerra. 
Y cabe preguntarse si este lenguaje es el apropiado a la hora de hablar del proceso de reenvío de tuits y cuando se está acusando a otro país de ser el responsable de este reenvío y de sus 'terribles' efectos en el panorama político de otro Estado. 
Recordemos: se trata de tuits y de publicaciones en redes sociales. Un poco de tranquilidad.

Más 'pruebas' de El País: que nuestros materiales tienen impacto en las redes

"La suma de los mensajes de RT y Sputnik tuvo 10 veces más influencia en redes que la suma de RTVE y EFE", escribe David Alandete. 
Y esto no lo achaca a que RT o Sputnik sepan moverse mejor en las redes o a que interesen más sus contenidos porque la gente ha perdido confianza en los medios tradicionales. 
O a que RT y Sputnik sean medios relativamente jóvenes que desde su inicio apostaron por las redes sociales por encima de cualquier otra forma de difusión. 
No, eso es porque "el 87% de perfiles que comparten materiales de RT son falsos, activados y controlados por una entidad superior". 
¿Cómo se ha llegado a esa conclusión? Con la herramienta secreta de Lesaca con la que obtuvo unos resultados que nadie puede comprobar o refutar.
Cuando la explicación más sencilla resuelve una duda, casi siempre es la correcta. 
A El País le resulta desconcertante e incomprensible que los sucesos del 1 de octubre impactaran mucho en las redes sociales venezolanas, y la única explicación que se le ocurre es una confabulación de 'bots' rusos y chavistas.
Pero, ¿es realmente necesario recurrir a una conspiración informática para entender el motivo por el cual en un país al que el Gobierno de España acusa de ser una dictadura de manera reiterada, y en muchas ocasiones inopinada, mucha gente mostrara interés por noticias relativas a la prohibición de una votación por parte del Gobierno español enviando a policías para requisar urnas? Lo extraño habría sido que esa noticia pasara desapercibida para los venezolanos.

El retoque de los números

Para acabar de tocar todos los palos, El País recurre a uno de los trucos estadísticos más básicos (y sucios) que se recuerdan: resaltar ciertos números de una estadística, ocultando otros, dando así peso a los que se quiere esgrimir como prueba de algo. 
Esto sucede con frecuencia, por ejemplo, en asuntos de menor calado geopolítico, como las audiencias. 
Cuando un medio, para medir su éxito, dice que son los segundos, sin nombrar el porcentaje de los primeros (a lo mejor les separan literalmente 30 puntos). 
O dicen que son los primeros, obviando que les separa un punto de los segundos y que han perdido una ventaja importante. 
En ese sentido, este párrafo es muy esclarecedor de un uso claramente poco ético de los números:

Pocas veces habíamos visto una utilización más tramposa de los números en un medio supuestamente serio. 
Se resalta que "Venezuela es su ubicación más común", por encima del hecho de que no, no es la más común: la más común es la que nombran después, España. Pero se olvidan (muy convenientemente) de señalar el porcentaje de los mensajes provenientes de España. 
Los números del primer país son importantes cuando nos muestran los del segundo. 
Si España, como primero, tuviera un 25% y Venezuela un 13%, el porcentaje de Venezuela sería muy significativo y a todas luces extraño. 
Pero si España, país donde ocurre la noticia, tiene un 80% y Venezuela un 13%, los números de este segundo país no dejan ser anecdóticos. 
Del olvido de El País deducimos que el porcentaje de España es lo elevado que le corresponde, mientras que el de Venezuela se debe al interés de este país por lo que sucede en España por las razones que ya hemos comentado. 
También sería conveniente saber quiénes vienen después, porque seguramente corresponden a los otros países donde RT tiene un seguimiento considerable.   
  

Errores puntuales vs "maquinaria de injerencia"

¿Ha cometido errores RT en su cobertura sobre Cataluña? Sí. Los errores en periodismo existen. No somos los primeros ni los únicos en cometerlos. Asumimos los nuestros y pedimos disculpas cuando es el caso. Lo que no es ético es acusarnos de una "campaña de injerencia" aportando cuatro titulares como prueba.
Nuestra cobertura en Cataluña ha sido, es y será equilibrada. 
En nuestra pantalla y en nuestra web hemos dado cabida a todo tipo de opiniones.
 Es completamente falso que solo hayamos dado voz a quienes apoyan la independencia, y existen varios ejemplos en nuestras publicaciones. 
Si existiera una campaña sostenida por parte nuestra para apoyar el secesionismo catalán, no serían necesarios casi dos meses de investigación con "avanzadas herramientas" para terminar presentando como evidencia cuatro artículos nuestros con imprecisiones y un grupo de 'bots' que comparten contenidos filipinos.
Como conclusión diremos que nosotros no podemos hablar de lo que no sabemos, por eso no nos pondremos a establecer como ciertas con toda contundencia hipótesis sobre qué lleva a estos profesionales a actuar de una manera tan absolutamente falta de ética y de rigor en este tema en concreto.
Quizás se trate, simplemente, del intento de desprestigiar a unos medios que amenazan con, como ellos mismos reconocen, arrebatarles la "hegemonía" de la información. 
Sabemos que a través de nuestro trabajo no se está llevando a cabo ninguna operación de injerencia. De eso estamos segurísimos, y lo hemos demostrado durante todo este informe. 
Por favor: dejen de insultarnos y dejen de insultar a la inteligencia de sus propios lectores
Más allá de las pruebas inconsistentes, más allá de los datos inexistentes, falseados o retocados, hay que hablar de la profunda irresponsabilidad y de la preocupante falta de profesionalidad de aquellos que han impulsado estas campañas en medios de gran importancia sin tener ni una sola prueba sólida de aquello de lo que hablan.
Como consecuencia de esta irresponsabilidad, hay un medio de comunicación, el nuestro, que está sufriendo una campaña de desprestigio que afecta a nuestro trabajo y a nuestros trabajadores en todo el mundo y especialmente en España. 
Eso sí que lo han conseguido: han logrado que hacer nuestro trabajo sea mucho más difícil a base de intentar convertirnos a nosotros y a nuestros trabajadores en todo el mundo hispanohablante en algo así como "agentes de la KGB" (sí, sigue habiendo, según hemos podido escuchar estos días en varios medios, alguno de ellos público, gente que sigue pensando que la Unión Soviética aún existe).
Pero este es el menor de los daños ocasionados por esta sarta de mentiras inconsistentes.
 Lo peor es que estas noticias, por el peso del medio en el que han aparecido y la conveniencia que tienen para un gobierno que las ha aceptado sin rechistar y sin el más mínimo atisbo de crítica o de análisis, están a un paso de provocar un conflicto diplomático de grandes dimensiones, que puede tener consecuencias graves en la vida y en la economía de millones de personas. 
Las relaciones de España y Rusia han sido tradicionalmente excelentes para ambos países: ha habido una muy buena relación en el ámbito del comercio y del turismo. 
Todo esto peligra ahora con irse al traste por la irresponsabilidad de periodistas cegados por una idea fija ("la culpa es siempre de Rusia") que han generado noticias de hechos inexistentes partiendo de ella, y de políticos a los cuáles les viene mucho mejor echar la culpa a terceras partes antes que asumir las propias, y analizar la realidad a la que se enfrentan, dibujada por un grave conflicto interno en el seno de su propio país.
Y, por favor, recuerden. Ante todo recuerden esto: estamos hablando de tuits. Estamos hablando de mensajes en Facebook. 
Dejemos a un lado el lenguaje belicista, agresivo y sensacionalista. 
Pase lo que pase en Cataluña y pase lo que pase en España, jamás va a ser culpa de un tuit ni de una publicación en Facebook. Y sea como sea una intervención en una red social, jamás va a ser tan grave y dramática como una guerra. 
Dejemos de confundir las cosas y usemos el sentido común a la hora de hablar de ciertos temas. 
Basta de elevar el tono de forma irresponsable.
TOMADO DEhttps://actualidad.rt.com
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