viernes, 15 de abril de 2016

golpe

El “golpe ” en Brasil y su dimensión estratégica internacional


10/04/2016 Barómetro Internacional

Por Bruno Lima Rocha y Júlia Klein

Al contrario de los argumentos basados en el sentido común, el proceso brasileño de destitución de la presidente Dilma Rousseff, y su caracterización como un golpe institucional, no forman un fenómeno político esencialmente nacional o doméstico. Como todos los cambios de régimen o desestabilizaciones regiones en América Latina, hay una presencia constante, directa o indirecta, de las fuerzas oficiales o no oficiales de los Estados Unidos de América.

El sentido del humor político aplicado a los momentos más trágicos nos recuerda que: “el riesgo de golpe de Estado es menor en territorio soberano de los Estados Unidos, porque allá no hay embajada de Estados Unidos!”

Además de las teorías de la conspiración, hay pruebas de sobra y apoyo teórico y empírico para ayudar en esta interpretación de la existencia de fuerzas externas en la actuación de la nueva derecha suelo brasileño y, por lo tanto, para hacer funcionar el impeachment o golpe en curso. 
Aunque, supuestamente, no se tenía la evidencia ya probada de financiamientos de la Fundación de los Hermanos Koch – conocido como el “partido político semi-secreto más grande del mundo” – y de organismos similares, como la Red Atlas y sus “escuelas de líderes”, tendríamos abundante material de estudios estratégicos que demuestran el interés y la proyección de poder que viene de los Estados Unidos para actuar sobre y dentro de Brasil. Aquel que tiene alguna curiosidad para saber cuáles son las instituciones “amigas” de la Red Atlas en Brasil, visite la página: https://www.atlasnetwork.org/partners/global-directory/latin-america-and-caribbean/2

Hay términos y conceptos-operativos simultáneos para definir una actitud hostil de un Estado, o al menos de un Estado-más grande conspirativo, para otra soberanía em la forma de país independiente. Las guerras convencionales en el Continente son cada vez más raras, y no son existentes. Tuvimos el conflicto entre Perú y Ecuador, en 1995 y en 1982 la Guerra de las Malvinas con la prueba que ninguna fuerza reaccionaria es anti-imperialista.

La vergonzosa rendición de la dictadura argentina y el envío de reclutas contra fuerzas profesionales británicas demuestran la imposibilidad estratégica de confrontar las potencias imperiales sin un cambio profundo de mentalidad. Para América Latina, el nivel de conflicto indirecto es convencional, siendo si, la guerra regular una excepción.

Desestabilización del país y los conceptos de guerra no convencionales

Lo qué ocurre en Brasil desde octubre de 2014, antes del llamado de “venezuelización”, ocurre en esta dirección. Nuestro país tuvo una segunda vuelta casi plebiscitaria, siendo que, finalmente, la continuidad del gobierno Dilma Rousseff fue lo contrario del prometido en el estrado. Este factor ha dado razones suficientes para eliminar una parte considerable de su legitimidad frente del propio electorado. El primero de los actos masivos convocados por la nueva derecha ideológica – movilizada por los líderes entrenados por los canales de financiación de la Funcación Koch (es cada vez más claro el apoyo de los hermanos Koch a las campañas e instituciones conservadoras, a través de diversas organizaciones financiadas por ellos) y Atlas, retro-alimentado por los grandes grupos de comunicación -, parecían cumplir un guion pre-trazado, a ejemplo de la escasez que ocurre en Venezuela, después de la elección de Maduro o mismo la acción de sabotaje económica sufrida por Salvador Allende, desde los finales de 1971.

Tales operaciones, en una baja escala de violencia, reflejan literalmente el Manual de las Fuerzas Especiales, obedeciendo a la propuesta de política exterior del gobierno de Barack Hussein Obama, con énfasis para el período de Hillary Clinton por delante del Departamento de Estado. La expresión que se utiliza hoy, Guerra No-Convencional (UW es su sigla en Inglés), obedece a la tradición de pos-Segunda Guerra mundial, como guerra irregular (IW), así como una terminología más moderna, de Guerra de 4ª Generación o Guerra Híbrida. En cierta medida, todos estos conceptos operacionales – así validados cuando se ponen a prueba, se están aplicando en Brasil en este momento.

Como dice la teoría, la Guerra híbrida comienza con una revolución de color, con una preparación en el psicológico masivo, aprovechando las justas exigencias de la izquierda y la extrema izquierda ocurridas entre marzo y junio de 2013 (año de las protestas populares contra el aumento de pase de autobús, en Brasil). 
El trabajo invisible a través de la nueva derecha, junto con las redes evangélicas (neo pentecostales) asociadas a las viudas de la dictadura, dejaran el tejido social intermedio contaminarse con anti petismo (contra el Partido de los Trabajadores) como sinónimo de anti – socialismo. Hay que decírselo, el PT ya no es un partido de tipo socialista hace más de 15 años, y por veces ni siquiera es social-demócrata.

Aun así las mentiras sistemáticas, difundidas por las redes de neoconservadores y ultra-liberales vienen operando con gran capacidad en corazones y mentes de las clase media en Brasil. Estas, redes neoliberales y sus institutos (como Instituto Liberal de Rio, Instituto Liberal de San Pablo, Instituto de Estudios Empresariales de Porto Alegre, Instituto Mises Brasil, Instituto Millenium, su creación, el Movimiento Brasil Libre, MBL, entre otras agrupaciones neoliberales) manejan la difusión de desinformación generando caos simbólico y político, ampliado con la participación de los medios masivos, a empezar por la Rede Globo.

Ya la presencia oficiosa de EEUU es notada a través de una sospecha muy grande, casi evidencia. El operativo de la Policía Federal, llamada de Operación Lava Jato, cuya obtención de bases documentales no está plenamente justificada, señala formas de “colaboración entre agencias amigas”, o sea, entre agencias brasileñas (la PF misma) y el espionaje estadunidense.

Golpear a Brasil es una necesidad estratégica del Imperio
Estratégicamente, Brasil es una potencia media, cuya capa superior (clase dominante y fracciones de clases auxiliares) es intelectualmente colonizada y no tiene vocación de poder en el Sistema Internacional. 
Así, prefiere ayudar a sabotear las posibilidades de proyección del país a través de los acuerdos de los BRICS (grupo político de cooperación formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que juega un papel soberano e independiente en la nueva disputa de tipo Segunda Guerra Fría. 
La defensa del petróleo pre-sal, la detención de tecnología sensible a través del desarrollo científico brasileño son el objetivo permanente del accionar oficial y oficioso del Departamento de Estado y del Comando Sur de Estados Unidos en Brasil.

Independientemente de la posición política interna – la nuestra, por ejemplo, es de crítica al gobierno Dilma y al pacto lulista, pero por izquierda -, cualquier analista internacional va a decir lo mismo que se ha descrito anteriormente. 

Dentro de los marcos del capitalismo mundializado, un país como Brasil es líder “natural ” del Continente y con proyección para el Atlántico Sur. 

La desestabilización de un rival potencial es la regla para el mantenimiento de la hegemonía de Estados Unidos en América Latina y, por extensión, reducir la capacidad de articulación de China, Rusia y la India.

Júlia Klein es periodista (juliaklek@gmail.com)
Publicación Barómetro 11-04-16

Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores

TOMADO DE: http://noticiasuruguayas.blogspot.com/
Y PUBLICADO EN: http://victorianoysocialist.blogspot.com/

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